
Entre el Dolor, el Apoyo y la Justicia.
En momentos de tragedia, el dolor de los familiares de las víctimas es un peso que nadie debería llevar solo. Cuando sentimos que no se les ha brindado el apoyo necesario que merecen –ya sea en atención psicológica, económica o en el proceso para esclarecer los hechos–, es natural que surja una profunda indignación. Sin embargo, esa energía, que podría transformarse en fuerza constructiva, a veces se desvía hacia caminos que no solo no resuelven nada, sino que causan más daño.
Los grupos de redes sociales que limitan su accionar a publicar críticas generalizadas contra el gobierno en turno o culpar a un solo personaje por «todos los males» de la ciudad cometen un error fundamental: reducen la complejidad de los problemas a un blanco fácil. Más aún, cuando incitan a la violencia, cruzan una línea que viola el principio mismo por el que reclaman: el respeto a la vida y a la dignidad humana.
La justicia no se construye con agresiones, ni con acusaciones sin fundamento, ni con daños a personas inocentes que tienen nada que ver con la tragedia.
La búsqueda de la verdad y la reparación debe centrarse en lo esencial: acompañar a las familias en su duelo, exigir procesos legales transparentes y trabajar por cambios estructurales que prevengan futuros daños. Cualquier acción que afecte a quienes no tienen responsabilidad solo contribuye a dividir a la comunidad y alejar el objetivo que todos deberíamos compartir: construir un entorno más justo y seguro para todos. La justicia que realmente importa es aquella que protege a los inocentes y busca la verdad, no la que se alimenta de la ira desenfrenada y la culpa indiscriminada.
¡Justicia para todos!